Con la creación de una cátedra sobre Europa en la carrera de Diseño de Moda de la UP, 30 estudiantes investigaron la historia, las tradiciones, los textiles y las expresiones culturales de los 21 Estados miembros de la Unión Europea con representación en Argentina, tomando esa diversidad como fuente de inspiración para desarrollar una colección original basada en los valores de la Nueva Bauhaus Europea: un futuro donde la sostenibilidad, la inclusión y la belleza forman parte de la vida cotidiana.
Dialogamos con Pía Elgueta y Juliana Fayad, estudiantes participantes de ésta segunda edición:
Bajo una aproximación a la psicología, la cultura y las formas de habitar de los ciudadanos, Elgueta presenta “The Density of Persistence” una idea de resiliencia silenciosa inspirada en Eslovenia.
¿Qué significó en lo personal y profesional llevar esta "resiliencia silenciosa" a una pasarela de tanta exposición y qué proyección le da este hito a tu universo?
Al estudiar y analizar la historia del país, su cultura y, sobre todo, al poder hablar con residentes del mismo, todo fue conectando de a poco hasta llevarme a este concepto que habla principalmente de la resiliencia y la persistencia que los eslovenos mantuvieron a lo largo de su historia. Hablamos de una sociedad que comenzó a formarse en el siglo VI y que se mantuvo firme hasta 1991, cuando logró su independencia y pasó a constituirse como la República de Eslovenia.
“Todo me llevaba nuevamente a esta persistencia y perseverancia que tanto caracteriza a los eslovenos”.
Todo este análisis del país me interpeló muchísimo, porque me siento muy identificada con esta idea de resiliencia silenciosa: una forma de ser más introspectiva, donde la resiliencia aparece desde la perseverancia. Lo silencioso hace referencia justamente a esa introspección y a una lucha sostenida durante todos estos años para seguir adelante y alcanzar sus propósitos. Llevarlo a la pasarela me pareció increíble, no solo por la experiencia en sí y por poder dar a conocer mi proyecto y mi forma de ver Eslovenia, sino también por la posibilidad de contar su historia, su forma de vivir, de pensar, de habitar y de relacionarse con el mundo. Poder transmitir, desde la indumentaria, la psicología del esloveno fue para mí el verdadero punto de partida de este proyecto.
¿Cómo definís la propuesta de “The Density of Persistence” dentro del universo de tu marca, y qué busca comunicar esta exploración sobre la resiliencia y el cuerpo?
La propuesta de este proyecto fue un paso enorme y un desafío muy complejo y divertido para mi como diseñadora, aprendí un montón y siento que pude crecer más aún en lo que quiero hacer con mi marca en un futuro. No solo por la autoexigencia que me ponía a mi misma teniendo una responsabilidad tan grande como el de llevar mis diseños a BAFWEEK, sino tambien por la complejidad conjunta que llevo desarrollar el proyecto en su totalidad.
La colección se inscribe dentro del universo de P/EL (marca de Elgueta) como una exploración de la indumentaria entendida como una segunda piel y como un territorio de transformación. El proyecto profundiza en conceptos que atraviesan mi identidad como diseñadora, como el cuerpo, la forma, la tensión y las distintas maneras de habitarla.
Busco comunicar la resiliencia desde la capacidad de adaptación y transformación. Me interesa pensar un cuerpo que, frente a la contención, la tensión o el límite, no se quiebra, sino que encuentra nuevas formas de habitarse. La indumentaria funciona entonces como un medio que modifica la percepción del cuerpo y genera una experiencia entre quien lo habita, la forma y el espacio.
¿Cómo fue el proceso de producción de la colección, desde las maquetas en papel hasta la confección final en fibras naturales y el corte modular 360° para reducir desperdicios?
El proceso creativo de desarrollo de la colección fue lo máximo. Una vez que entendés el concepto en su totalidad y empezás a crear este mundo visual y táctil, no parás. Es algo en lo que pensás todos los días. Me apasiona muchísimo diseñar y pensar en cada detalle de cada prenda, pero también pensar en el momento en que la persona se la ponga: qué va a sentir, cómo lo va a experimentar y qué va a suceder entre el cuerpo y la prenda en este momento.
Para esta colección utilicé fibras naturales, no solo porque se alineaban con los valores del país que estoy representando, sino también por su durabilidad, comportamiento y propiedades nobles. Todo esto se vinculó además con el desafío de plantear una propuesta sustentable, para la cuál yo propongo diseñar a partir de un mismo módulo prendas versátiles que, mediante un único corte regido por el tamaño del material disponible, puedan convertirse en una prenda que se use de diversas formas, dependiendo de la propia manera de experimentarla del usuario. Esta lógica se trasladó también al cuero vacuno y al tejido.
Personalmente, lo que más me interesa es tratar de representar las propiedades del papel en el textil de la forma más similar posible, por lo que muchas veces ese es el punto de partida de cada diseño. Creo que es muy importante que, como diseñadores jóvenes, nos preguntemos hoy cómo podemos aportar nuestro granito de arena y llevar al mundo una propuesta real con un diferencial.
También puede interesarte
En contraparte, Fayad, la encargada de cerrar el desfile en el “Palacio de aguas corrientes” presentó una colección que partió del concepto finlandés del Metsänpeitto.
Al investigar el folclore y la naturaleza de Finlandia ¿Qué elementos de la identidad local o de tu propia corporalidad emergieron involuntariamente al traducir una mitología nórdica a un lenguaje textil contemporáneo?
El proyecto parte del Metsänpeitto, un concepto del folclore finlandés que plantea que una persona puede adentrarse en el bosque y quedar atrapada en una especie de limbo entre el mundo humano y el mundo natural. En ese estado se desorienta y comienza a transformarse y confundirse con la naturaleza, convirtiéndose en un elemento de ella.
Lo que más me interesó fue justamente esa idea de estar “entre”, esa especie de limbo o lugar liminal. La llevé al cuerpo pensando en una corporalidad que también estuviera en transición y que no perteneciera completamente a ninguno de los dos mundos. Por eso aparecen prendas dadas vuelta, hombreras expuestas, overlocks y terminaciones que normalmente deberían estar ocultas, incluso dentro del propio mito, los finlandeses creían que para salir de esa situación había que ponerse una prenda o un zapato al revés.
También trabajé con el contraste entre materiales rígidos y estructurados y otros más lánguidos, vaporosos y translúcidos. Ahí creo que apareció mi propia corporalidad como un cuerpo en transformación, ubicado entre lo natural y lo construido.
No quería representar simplemente un paisaje finlandés, quería construir un cuerpo que pareciera estar entre el mundo humano y el natural.
El concepto que reforzó mi investigación fue el “jokamiehenoikeus”, conocido como el derecho de acceso público a la naturaleza. Creo que esa relación con el territorio fue una de las cosas que más influyó en mi manera de pensar el cuerpo dentro del proyecto: el bosque adquiere una presencia mucho más profunda, es un espacio con el que el ser humano establece una relación y adquiere la capacidad simbólica de absorberlo y transformarlo.
¿Cuál fue el hallazgo visual, folclórico o material más determinante que actuó como detonante para definir la paleta, las texturas y el lenguaje de las piezas?
El hallazgo más determinante fue el propio Metsänpeitto, porque me permitió llevar una investigación folclórica a decisiones concretas de diseño. La idea de quedar atrapado entre el mundo humano y el natural se transformó en una búsqueda por llevar la propia prenda a un estado de transformación.
A eso se sumó mi investigación sobre la arquitectura finlandesa. Me interesó el contraste entre una arquitectura contemporánea muy geométrica y estructurada, como la del Finlandia Hall o la Biblioteca Central Oodi, donde se siguen utilizando materiales naturales como la madera, y una arquitectura más tradicional y medieval, como el castillo de Olavinlinna, mucho más rústica, orgánica y vinculada a formas circulares. Ese contraste terminó trasladándose a las piezas. Quería jugar entre lo geométrico y lo orgánico, lo rígido y lo lánguido, lo ancestral y lo contemporáneo.
En los procesos productivos encontré un punto de conexión muy fuerte con mi propia manera de trabajar, parte de mi identidad como diseñadora está en el hacer manual. Investigué sobre técnicas ancestrales finlandesas como el Tuohi, un tejido plano realizado a partir de corteza de abedul. Luego, la implementación del cuero vaqueta fue fundamental, un material tradicionalmente asociado en Argentina a la talabartería y la marroquinería. Me interesó tomar un material con una carga tan ligada a nuestra propia cultura artesanal y llevarlo a la indumentaria, ahí encontré un punto de encuentro con Finlandia, el vínculo con el territorio, los materiales y los procesos artesanales. No buscaba encontrar una equivalencia exacta entre ambas culturas, sino establecer un diálogo desde mi propia identidad.
La Nueva Bauhaus Europea pone en el centro la sostenibilidad. Al trabajar con biomateriales, ¿Qué desafíos técnicos enfrentaste en el taller al pasar de la experimentación conceptual a las piezas finales?
En este proyecto no quería simplemente repetir una solución que ya había explorado, quería buscar otra manera de innovar y experimentar con el material.
El proceso para llegar a esa técnica fue largo, primero pensé en sublimar una cuerina con una estampa que imitara la madera, pero sentía que eso iba en contra de mi identidad visual. Entonces empecé a buscar otras maneras de generar esa apariencia.
Soy muy fanática del diseño de vestuario, particularmente del vestuario de series de fantasía y de época, y me encanta Game of Thrones. Empecé a analizar cómo trabajaban las armaduras y cómo muchas incorporaban motivos naturales. A partir de ahí investigué los materiales y las técnicas utilizadas y busqué una alternativa que pudiera adaptar a mis propios recursos.
Ahí llegué al cuero vaqueta porque es un material rígido, pero al mismo tiempo permite ser manipulado, y además me interesaba tomar un material tradicionalmente utilizado en la talabartería y la marroquinería argentina, y plantearme el desafío de transformarlo en indumentaria.
Lo calé raya por raya a mano para generar una textura inspirada en la corteza de un árbol, después lo pinté manualmente, construí las sombras y realicé las terminaciones también a mano. La intención era llevarlo al extremo, que visualmente pudiera confundirse con una pieza de madera, casi como si fuera un mueble. Además, por el grosor del cuero, no podía coserlo con una máquina doméstica ni con una industrial, por lo que tuve que realizar todo el proceso de costura manualmente, haciendo los agujeros previamente y utilizando hilo encerado.
Desde el inicio de la investigación conceptual en la cátedra hasta el montaje en BAFWEEK, ¿cuántas semanas o meses demandó el desarrollo completo?
El proyecto se desarrolló durante aproximadamente cuatro meses, desde marzo hasta las últimas semanas de junio. Una de las piezas que más tiempo me llevó fue la campera de cuero, que requirió aproximadamente un mes entero de trabajo porque fue intervenida y construida completamente a mano.
Teníamos que desarrollar cuatro propuestas de tres prendas cada una, incluyendo obligatoriamente una pieza de tejido, además de los accesorios. También trabajamos en la dirección creativa y de arte, el fashion film, el lookbook y la campaña.
En cuatro meses pasamos de investigar un país a construir una colección completa y al mismo tiempo, desarrollar todo un universo visual alrededor de ella. Finalmente, tuve la oportunidad de cerrar el desfile con mis dos looks, una experiencia increíble y muy significativa para mí, especialmente después de todo el proceso de investigación, experimentación y trabajo que hubo detrás de la colección. Poder ver las prendas finalmente en la pasarela y compartir este proyecto en un evento de esta magnitud con mis compañeras fue una experiencia que voy a recordar y valorar siempre.
Compartir nota