Por Facundo Cancro
Facundo Cancro, editor de Revista Estepa, dialoga con Emilia Velasco, diseñadora al frente de Velasco de Autores. Un recorrido por sus quince años de trayectoria y el enfrentamiento entre su primera colección Poesía Yuchán y la obra insignia de Invocatoria, su última colección. Entre el saber hacer ancestral, la expansión colectiva y su presente de formación en el Istituto Marangoni de Milán, Emilia reflexiona sobre el origen, la evolución del diseño argentino y el futuro de una identidad que nunca se detiene.
La identidad es el punto de partida del proceso creativo de Emilia Velasco. Oriunda de la ciudad de Resistencia, Chaco, la diseñadora explora sus raíces a través del oficio, los materiales nobles y naturaleza de su tierra. Sus creaciones tensionan el diseño y el saber hacer ancestral dando como resultado prendas contemporáneas que dialogan con un cuerpo vivo.
“Al preguntarme qué me hacía única, miré mi historia: el Chaco, los saberes textiles y las cinco generaciones de mujeres guaraníes de mi familia. Al nombrarlo, entendí que ese bagaje constituía un lenguaje propio que con los años ganó fuerza y dimensión.”
Ese proceso interno, que fue evolucionando durante quince años de trabajo, se materializa en una línea temporal donde se enfrentan y se contraponen aquella pieza fundacional, creada casi por pura intuición, y su obra más reciente, perteneciente a su última colección: Invocatoria.
En este primer número de Estepa se enfrentan dos momentos clave de tu recorrido creativo ¿Qué ves al ponerlos frente a frente?
El vestido crudo pertenece a Poesía al Yuchán, mi primera colección. Yuchán es el nombre qom del palo borracho. Había algo muy performático en el propio acto de construirla, una intuición que aparecía mientras trabajaba. Volver a encontrarme con ella me genera mucha nostalgia y también mucha emoción.
La pieza final de Invocatoria tiene ese mismo carácter, esa misma necesidad de que algo suceda en el hacer, pero desde otro momento de mi recorrido. Hay otra decisión estética, otra silueta, otro recorrido de la prenda y una presencia mucho más sólida. También aparece una alianza con la joyera Soledad Limido, que suma una nueva dimensión a la pieza.
Cuando las veo juntas, reconozco una misma energía en las dos. La diferencia está en todo lo que pasó durante esos quince años: el oficio, las decisiones, las personas, las experiencias y las nuevas herramientas que hoy forman parte de mi manera de crear.
Invocatoria es el nombre que elegiste para tu última colección. ¿Qué significa para vos invocar y qué necesitás traer al presente para seguir creando?
Invocar es llamar a algo por su nombre para que se manifieste. Para mí tiene que ver con traer al presente lo que forma parte de mi historia y todavía tiene algo que decir: los saberes, el oficio, los materiales, las técnicas y las personas que construyeron mi manera de hacer. Es poner todo eso nuevamente en movimiento desde la mirada actual para encontrar nuevas posibilidades.
¿Qué sentís que estás invocando hoy que todavía no terminó de manifestarse?
Estoy invocando una nueva etapa para Velasco, en la que todo lo aprendido pueda tomar otra dimensión. Seguir profundizando en el diseño y en las formas de producción, trabajar cada vez más colectivamente y abrir nuevas posibilidades sin perder la esencia de lo que construimos. Siento que todavía hay mucho por desarrollar, y justamente ahí está lo interesante: en todo lo que todavía puede manifestarse.
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La idea de lo colectivo también resuena y aparece en tus propuestas: artesanos, artistas, performers, músicos, ilustradores. ¿Qué aparece en una prenda cuando deja de ser solamente el resultado de una diseñadora y se convierte en el resultado de muchas manos y miradas?
Se construye un metalenguaje. La prenda tiene su propio lenguaje, dado por su forma, su materialidad, su construcción y su relación con el cuerpo. Cuando entra en diálogo con otras disciplinas y otras miradas, ese lenguaje empieza también a hablar de sí mismo, de cómo fue construido y de todo lo que lo rodea. Ahí es donde lo colectivo adquiere para mí verdadero sentido: cada mirada al encontrarse, construye otra. Una obra que puede ser leída desde diferentes lugares sin perder aquello que le dio origen.
¿De qué manera trabajás desde lo propio sin caer en la representación fija de un territorio o cultura?
A través de lo que llamo mi “trazo”: una forma particular de hacer que atraviesa mi trabajo más allá de la técnica o el soporte, manifestándose con naturalidad. Ese trazo se transforma: dialoga con nuevos contextos, materiales y miradas que lo resignifican. Para mí, trabajar desde lo propio tiene que ver con eso: construir un lenguaje que se transforma con el tiempo, pero que conserva una manera particular de mirar y de hacer.
¿Qué te gustaría que aparezca cuando una nueva generación de diseñadores empiece a mirar hacia sus propias raíces para construir el futuro?
Me gustaría que surjan más voces singulares. En un contexto que tiende a uniformarse, es clave desarrollar una mirada propia y un pensamiento crítico para observar, cuestionar y decidir sin miedo. Como diseñadores, construimos el imaginario de una época; el futuro depende de cómo usamos nuestras herramientas.
A las nuevas generaciones les diría que investiguen, miren lo cercano y confíen en su propia perspectiva. Cuanto más diversas y críticas sean las voces, más rico será el futuro.
El diseño de autor atraviesa un momento de transformación: nuevas formas de producir, de consumir y de relacionarse con la ropa están cambiando las reglas del juego. ¿Cómo percibís el futuro del diseño de autor en Argentina y qué lugar te gustaría ocupar dentro de ese futuro?
Me gustaría que el diseño de autor en Argentina avance hacia lo humano, valorando nuestra capacidad de observar, interpretar y crear diferenciación a medida que surgen nuevas herramientas. Nuestra creatividad para resolver con los recursos disponibles es una gran fortaleza. Quiero que Velasco sea parte de ese movimiento: innovar y crecer sin perder el oficio, la identidad y la perspectiva crítica.
Hay algo en tu recorrido que parece repetirse: volver al origen, pero nunca volver al mismo lugar. Chaco, el algodón, las técnicas textiles, lo colectivo y la experimentación aparecen como distintas formas de una misma búsqueda. ¿Qué sentís que todavía te falta explorar de ese universo que construiste y qué territorio creativo todavía no te animaste a ocupar?
Buscamos el crecimiento de Velasco como empresa y romper barreras geográficas. Tras quince años, nos reestructuramos para escalar e integrar a más personas al proyecto. Esto requiere inversión económica y un equipo profesional que fortalezca el proyecto más allá de lo creativo, abriéndonos a nuevos contextos e intercambios. Avanzamos hacia una estructura que impulse la expansión internacional, preservando siempre la identidad, el oficio y nuestra esencia.
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